(Resumen del artículo “El Miura atómico. Carrero amagó con la bomba”,
publicado en “La Aventura de la Historia”, número 159)
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Henry Kissinger y Carrero Blanco. Madrid, 19 de diciembre de 1973. |
El 19 de diciembre de 1973 el Gobierno de Carrero
Blanco presentó al Secretario de Estado del Gobierno
Estadounidense, Henry Kissinger, un informe en el que aseguraba que España
estaba en disposición de fabricar su propia bomba atómica. El informe,
denominado Islero (referencia
taurina, como no podía ser de otra forma) redactado por primera vez en los años
60 y relaborado una década después cuando el proyecto resultaba bastante más
viable, era una carta que Carrero Blando pensaba jugar ante el Gobierno
estadounidense con el fin de conseguir una renovación del acuerdo de las bases
militares más favorables para los intereses españoles.
La queja principal del
Gobierno del Régimen era que EEUU, llegado el caso de una agresión exterior, se
negaba a prestar la hipotética ayuda que España necesitara, a pesar de ser
precisamente el hecho de facilitar apoyo logístico a través de las bases
militares lo que pondría al país en el punto de mira. Las otras ventajas que
recibía España de este acuerdo estaban también en entredicho: EEUU entregaba
armamento al ejército español, pero este era siempre de una calidad
cuestionable. Además, la España de los años setenta no era la de la década de
los cincuenta, en la que la ayuda estadounidense sacaba al país de la autarquía
y el aislamiento internacional. Pero Franco no podía pretender conseguir condiciones
de igual a igual con el Gobierno de Washington. El Senado y el Congreso
estadounidense nunca tolerarían tal acuerdo con un dictador. No sería hasta su
muerte, sólo un mes después, cuando EEUU accedería a revisar el tratado.
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Nixon durante su visita a España desfila con Franco. Madrid, 2 de octubre de 1970. |
El envite había llegado, además,
en un mal momento. EEUU se encontraba en plena operación de lavado de cara a la
energía nuclear. Tras la firma del Tratado de No Proliferación de armas
nucleares de 1968, ratificado por el propio EEUU, la URSS y el Reino Unido, éstos se comprometían a no proporcionar ni las armas ni la tecnología
nuclear a terceros países, a la vez que a realizar un desarme paulatino de sus
cabezas nucleares. Como parte del tratado, se pretendía comenzar a vender la
energía nuclear como una herramienta para el desarrollo energético y de
progreso con fines pacíficos. Franco no había firmado ese tratado, al igual que
Francia o China, argumentando motivos de seguridad nacional y de libre
soberanía. Pero EEUU no se iba dejar impresionar por la amenaza, sabía que el
tiempo jugaba a su favor, pues el proyecto tardaría en ponerse en marcha y
ellos no iban a consentir que el secreto del arma atómica se les fuera aún más
de las manos después de que países como Francia, India o Israel hubieran
demostrado su independencia a la hora de fabricar la bomba.
Habían sido precisamente
los estadounidenses los que habían introducido la energía nuclear en España. En
1953 Einsenhower construyó el primer reactor nuclear en el país, el JEN-1.
Éste proporcionaría a los científicos españoles la posibilidad de experimentar
de primera mano con la energía y el impulso para que toda una generación nueva
de científicos (Guillermo Velarde, Rafael Caro o Florentino Briones) avanzara
en el desarrollo de la misma. El mismo Briones conseguiría dar con un código propio para
la fisión nuclear, basándose en uno estadounidense más complejo, para generar
una reacción. Este código se denominó Islero,
nombre que luego llevaría el informe final. Pero el proyecto era inviable, puramente
teórico. Los estadounidenses utilizaban uranio enriquecido y en España, pese al
hallazgo de minas de uranio natural, no se tenían los medios económicos ni los
conocimientos para obtener este material.
Fue entonces cuando la Francia
de De Gaulle proporcionó la ayuda suficiente para impulsar las aspiraciones
españolas. Ellos habían desarrollado su propia tecnología y ofrecieron la posibilidad de construir una central nuclear (la futura Vandellós)
utilizando el principio del grafito-uranio, usando uranio natural y
convirtiéndolo en plutonio 239, altamente fisionable y útil para la fabricación
de una bomba. La central comenzó a funcionar a principios del año 72.
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Central Nuclear de Vandellós |
Al día siguiente de la
reunión con Henry Kissinger, el 20 de diciembre de 1973, el almirante y presidente del Gobierno
Luis Carrero Blanco fue asesinado por ETA en el atentado de mayor envergadura de
la banda hasta la fecha. Un atentado tan potente y efectivo que hizo creer
desde el principio que contaron con ayuda externa. Incluso hay teorías
conspiratorias que hablan de una participación de la CIA. En opinión de la escritora
Pilar Urbano, para EEUU Carrero era un problema que podía poner en peligro la
Monarquía y la transición democrática. Además se oponía al uso de las bases en
la guerra del Yom Kippur, tenía una posición encontrada en cuanto a la OTAN y,
por último, se atrevía a desmarcarse con su inminente programa nuclear. Una nota
desclasificada en 2008 de la embajada estadounidense en Madrid hablaba de que
“Carrero desapareciera de escena”. ETA, que hasta el momento no había supuesto una
amenaza a tener en cuenta en la capital española, en la que los miembros del Gobierno apenas contaba
con guardaespaldas, sorprendió con una eficacia inusual en el atentado.
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Cráter que causó la bomba que mató a Carrero Blanco. Madrid, 20 de diciembre de 1973. |
Como colofón a la
pretensión española de fabricar una bomba nuclear, en 1984, el Gobierno de Felipe
González llevó a cabo la moratoria nuclear, manteniendo las centrales nucleares
existentes pero paralizando las que estaban proyectadas.
Igual probaron la energía nuclear para el petardazo que se cargó a Carrero Blanco... Madre mía, en manos de qué energúmenos hemos estado, estamos y lamentablemente estaremos.
ResponderEliminarPues sí, hijo, da una impotencia no poder saber la verdad de tantas cosas... Aunque claro, quién sabe si lo mejor no es quedarnos siendo unos ilusos, quizás no podríamos salir de casa por el miedo!!
ResponderEliminarUn artículo como éste demuestra qué fácil debe ser para un tipo que ha trabajado en la CIA escribir libros basados en conspiraciones "judeomasónicas"
ResponderEliminarY lo que no contarán!! Vivimos rodeados de mentiras y de mentirosos. Y qué podemos hacer, sino creernos lo que más nos apetezca y punto, porque por mucho que luchemos por la verdad... mira el de wikileaks.
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