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11 de abril de 2011

"Jane Eyre", Charlotte Brontë, 1847


“El encanto de la aventura dulcifica la sensación y el sentimiento de orgullo la suaviza, pero un latido de miedo la turba”



“Citada en mi propio tribunal, y después de atestiguar la Memoria sobre las esperanzas, deseos y sentimientos que alimentaba desde la noche pasada y sobre mi estado de ánimo general durante casi quince días; habiéndose presentado a declarar la Razón, a su habitual manera tranquila, y habiendo contado ésta el relato sencillo y sin adornos de cómo yo había rechazado lo verdadero para devorar lo ideal, dicté sentencia de esta manera:”


“¿Qué voy a hacer? (…) El que no sea la esposa de Edward Rochester es el menor de mis males – afirmé – y el haberme despertado de un sueño magnífico es un espanto que podría tolerar y dominar; pero el tener que abandonarlo sin remedio, absolutamente y para siempre es insoportable y no puedo resistirlo. (…) Quería ser débil para eludir el terrible camino de sufrimientos que veía abrirse ante mí; mi conciencia convertida en tirana, había agarrado de la garganta la pasión y le decía, burlona, que de momento sólo había sumergido su delicado pie en el barro, y le juró que la hundiría en profundidades insondables de dolor con su brazo de hierro”



“A mí me importa lo que hago. Cuanto más solitaria, sin amigos y sin apoyo, más me respetaré a mí misma.”

23 de marzo de 2011

Cómo comenzar un libro


"No pudimos salir a pasear aquel día. De hecho, aquella mañana habíamos pasado una hora deambulando entre los arbustos desnudos; pero, desde la hora del almuerzo (cuando no había visita, la señora Reed comía temprano), el frío viento invernal había traído unas nubes tan oscuras y una lluvia tan penetrante que volver a salir de la casa era impensable."

Jane Eyre, Charlotte Brontë, 1847